trecequeteparece

varios alrededor de lo que uno hace

CUESTIONARIO para buscar y responder

1- ¿De qué hablamos cuando hablamos de “derechos de autor”?
2- investigar sobre COPYRIGHT y COPYLEFT
3- buscar ejemplos de ambos en Argentina
4- a qué se refiere el término CULTURA LIBRE
5 – elaborar una reflexión que ponga de manifiesto su posición frente al tema.

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BIZARROS formato Prezi. Una producción Alma Brondo-Reynoso

 

 

 

 

 

http://prezi.com/pfjngup9yes7/estamos-cada-vez-mas-bizarros/

 

 

comunicación audiovisual II

algunas categorías planteadas en torno a la definición de comunicación audiovisual.

PUBLICIDAD- PERSUASIÓN

los recursos utilizados por este tipo de comunicación tienen como objetivo persuadir al receptor al consumo. La mayoría de las veces apelando a las vinculaciones afectivas o experienciales. Casi no existen diferencias con la propaganda en la utilización del lenguaje audiovisual utilizado, es una constante que en la actualidad la persuasión ideológica y la comercial compartan lineamientos estéticos y de contenido. La confusión genera empatía y se “consume” sin pensar lo que nos están comunicando.

PROPAGANDA -PERSUASIÓN

EDUCATIVA

Es muy importante en esta categoría la responsabilidad de los productores de contenidos y los realizadores para que posibiliten una correcta lectura y entusiasmen a los receptores  a completar el recorrido por el contenido.

INFORMATIVA

COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL

Denominamos Comunicación Audiovisual al intercambio de mensajes entre individuos, los cuales son mediados por un sistema tecnológico sonoro o visual. La mediación tecnológica es determinante para que exista este tipo de comunicación.

Son el cine, la TV y la radio los medios de comunicación audiovisual tradicionales. Sin embargo en la actualidad entendemos a Internet como parte del sistema de la comunicación audiovisual, ofreciendo recursos y posibilidades de exploración y colaboración en relación al conocimiento, que eran impensados en los medios tradicionales.

Una lectura sobre la nueva ley de medios. Que afecta directamente a la generación de contenidos en relación a este tipo de comunicación.

LEY DE SERVICIOS DE COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL

http://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Servicios_de_Comunicaci%C3%B3n_Audiovisual

fotos al sol

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con trípode / 11 de la mañana / retrato y macro / iso 100 al 1600

perspectiva metodológica para enseñar el diseño

http://blogs.educared.org/recomendacionestictac/2011/05/18/un-manual-para-los-cambios-educativos/

una lectura

Los justos

HERNÁN CASCIARI | 2 DE FEBRERO, 2006

Los miércoles a las nueve de la noche, hora de Nueva York, la cadena norteamericana ABC emite una serie de televisión que me gusta. A esa misma hora un mexicano llamado Elías, dueño de un vivero en Veracruz, la está grabando directamente a su disco rígido, y tan pronto como acabe subirá el archivo a Internet, sin cobrar un centavo por la molestia. Tiene esta costumbre, dice, porque le gusta la serie y sabe que hay personas en otras partes del mundo que están esperando por verla. Lo hace con dedicación, del mismo modo que trasplanta las gardenias de su jardín para que se reproduzca la belleza.
A las once de la noche de ese mismo miércoles, Erica, una violinista canadiense de venticuatro años que ama la música clásica, baja a su disco rígido la copia de Elías y desgraba uno a uno los diálogos para que los fanáticos sordomudos de la serie puedan disfrutarla; distribuye esos subtítulos en un foro tan rápido como puede. No cobra por ello ni le interesa el argumento: lo hace porque su hermano Paul nació sordo y es fanático de la serie, o quizás porque sabe que hay otra mucha gente sorda, además de su hermano, que no puede oír música y debe contentarse con ver la televisión.

A las 3:35 de la madrugada del jueves, hora venezolana, Javier baja en Caracas la serie que grabó Elías y el archivo de texto que redactó y sincronizó Erica. Javier podría ver el capítulo en idioma original, porque conoce el inglés a la perfección, pero antes necesita traducirlo: siente un placer extraño al descubrir nuevas etimologías, pero más que nada le place compartir aquello que le interesa. Para no perder tiempo, Javier divide el texto anglosajón en ocho bloques de tamaños parecidos, y distribuye por mail siete de ellos, quedándose con el primero.

Inmediatamente le llega el segundo bloque a Carlos y Juan Cruz, dos empleados nocturnos de un Blockbuster boneaerense que suelen matar el tiempo jugando al ajedrez, pero que ocupan los miércoles a la madrugada en traducir una parte de la serie, porque ambos estudian inglés para dejar de ser empleados nocturnos, y también porque no se pierden jamás un capítulo.

El tercer bloque de texto lo está esperando Charo, una ceramista de Alicante que está subyugada por la trama y necesita ver la serie con urgencia, sin esperar a que la televisión española la emita, tarde y mal doblada, cincuenta años después. El cuarto bloque lo recibe María Luz, una tipógrafa rubia y alta que trabaja, también de noche, en un matutino de Cuba: María Luz deja por un momento de diseñar la portada del diario y se pone rápidamente a traducir lo que le toca. Dice que lo hace para practicar el idioma, ya que desea instalarse en Miami.

El quinto bloque viaja por mail hasta el ordenador de Raquel y José Luis, una pareja andaluza que vive de lo poco que le deja una librería en el centro de Sevilla. Llevan casados más de venticinco años, no han tenido hijos, y hasta hace poco traducían sonetos de Yeats con el único objeto de poder leerlos juntos, ella en un idioma, él en otro. Ahora, que se han conectado a Internet, descubrieron que además de buena poesía existe también la buena televisión.

El sexto bloque le llega a Ricardo, en Cuzco: Ricardo es un homosexual solitario —y muchas noches deprimido— que traduce frenéticamente mientras hace dormir a su gato Ezequiel. El séptimo lo recibe Patrick, un inglés con cara de bueno que viajó a Costa Rica para perfeccionar su español, lo desvalijó una pandilla casi al bajar del avión pero igual se enamoró del país y se quedó a vivir allí. Y el octavo bloque le llega, al mismo tiempo que a todos, a Ashley, una chica sudafricana de madre uruguaya que es fanática de la serie porque le recuerda (y no se equivoca) a su libro favorito: La Isla del Tesoro.

Los ocho, que jamás se han visto las caras ni tienen más puntos en común que ser fanáticos de una serie de la televisión o de un idioma que no es el materno, traducen al castellano el bloque de texto que le corresponde a cada uno. Tardan aproximadamente dos horas en hacer su parte del trabajo, y dos horas más en discutir la exactitud de determinados pasajes de la traducción; después Javier, el primero, coordina la unificación y el envío a La Red. Ninguno de los ocho cobra dinero para hacer este trabajo semanal: para algunos es una buena forma de practicar inglés, para otros es una manera natural de compartir un gusto.

A esa misma hora Fabio, un adolescente a destiempo que vive en Rosario, a costas de sus padres a pesar de sus 23 años, encuentra por fin en el e-mule la traducción al castellano del texto. Con un programa incrusta los subtítulos al video original, desesperado por mirar el capítulo de la serie. A veces su madre lo interrumpe en mitad de la noche:
—¿Todavía estás ahí metido en Internet, Fabio? ¿Cuándo vas a hacer algo por los demás, o te pensás que todo empieza y termina en vos?
—Tenés razón mamá, ahora mismo apago —dice él, pero antes de irse a dormir coloca el archivo subtitulado en su carpeta de compartidos para que cualquiera, desde cualquier máquina, desde cualquier lugar del mundo, pueda bajarlo. Fabio jamás olvida ese detalle.

Los jueves suelo levantarme a las once de la mañana, casi a la misma hora en que Fabio, a quien no conozco, se ha ido a dormir en Rosario. Mientras me preparo el mate y reviso el correo, busco en Internet si ya está la versión original con subtítulos en español de mi serie preferida, que emitió ocho horas antes la cadena ABC en Estados Unidos. Siempre (nunca ha fallado) encuentro una versión flamante y me paso todo el resto de la mañana bajándola lentamente a mi disco rígido, para poder ver el capítulo en la tele después de almorzar. Mientras espero, escribo un cuento o un artículo para Orsai: lo hago porque me resulta placentero escribir, y porque quizás haya gente, en alguna parte, esperando que lo haga.

El artículo de este jueves habla de Internet. Dice, palabras más, palabras menos, algo que hace venticinco años dijo Borges mucho mejor que yo, en un poema maravilloso que se llama Los Justos:
“Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.

El que agradece que en la tierra haya música.

El que descubre con placer una etimología.

Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.

El ceramista que premedita un color y una forma.

Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.

Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.

El que acaricia a un animal dormido.

El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.

El que agradece que en la tierra haya Stevenson.

El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.”

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algo para ver del libro “diseño de protesta”

TICs

Las nuevas tecnologías de la comunicación son, para los adolescentes y los niños, algo tan común como fue para mi generación la televisión. Sin embargo las implicancias de uno y de otras son diferentes, sobre todo en la determinación de algo fundamental, el acceso a la información.

Podría decir entonces que mi relación con ellas es intenso, pero difícil. Convivo cotidianamente con ellas, las utilizo como herramientas de comunicación y trabajo. Las aprendo. Les saco provecho y consigo contentarme con lo que me dan.

Sin embargo sigo creyendo que el acceso a herramientas tan fundamentales como estas, que posibilitan al ser humano comunicarse, aprender, evaluar, dirigir, acercarse, mirar, disfrutar, siguen vedadas a una parte importante de la población.

Si bien, cada vez más, los proyectos de estado buscan ampliar las posibilidades de acceso, no es tan simple equilibrar estas posibilidades con necesidades básicas que requieren ser suplidas para poder hacer uso posterior de estas herramientas.

Imagino entonces que todos leemos el diario, mandamos un mensaje de texto, revisamos un video y contestamos un mail al mismo tiempo. Imagino que todos tenemos el tiempo para detenernos a pensar sobre lo que vimos, leímos, escribimos. Imagino eso porque sería el estado ideal de las cosas. Tiempo y posibilidad para poder decir y pensar.